dimanche 25 mars 2012

Una buena palabra, una batalla ganada

Siempre pensé que una de los valores más importante que aprendí de mis padres son “las relaciones humanas”. Mi padre decía que uno de los elementos más importantes en la vida de un ser humano era desarrollar justamente esta habilidad y una vez mas le doy la razón.

La base de mi trabajo son las relaciones humanas  y uno de los elementos primordiales a tomar en consideración es justamente, la comunicación interpersonal (a simple vista parece mas  complicado de lo que es, pero creo que es mas cuestion de practica) y creo que a través de los años también he aprendido de mis propias experiencias y ahora doy mucha importancia a como y cuando decir las cosas. (Eso evidentemente desde mi punto de vista profesional, porque como ha de esperarse en la vida personal, uno nunca tiene control).

Esta semana participe en un evento de sensibilización donde la comunicación interpersonal es de suma importancia (había entonces, que hacer prueba de paciencia y apertura), el auditorio era basto, las diferencias culturales y étnicas estaban también, es el lugar perfecto para practicar la comunicación intercultural y aprender mas de las relaciones humanas, pero sobre todo de cómo comunicarte con la gente. Realmente apasionante...

Una de las actividades lúdicas de mi época de adolescente era practicar justamente lo que mi padre llamaba “aprender relaciones humanas”. Mi padre solía llevarnos a la plaza de armas de mi ciudad, a mi, y mis hermanos ha hacer sesiones de observación (horas y horas de placer). Cuando eres adolescente, como era mi caso, no entiendes porque tu padre te lleva a mirar pasar gente durante horas y horas, en lugar de ir a comer una pizza e ir al cine, sin embargo hoy después de mas de 20 años, descubro que no era tan malo finalmente. Lo que mas recuerdo son las horas que tomabamos para analizar a nuestro publico identificado, "los transeuntes del día", era realmente muy divertido, pero obviamente en ese momento lo veíamos mas como una obligación que como una diversion.

En fin, volviendo a lo de esta semana. Durante el evento  en el que participaba, una de mis colegas y yo hablamos justamente de la importancia que todo ser humano debe dar a las diferencias culturales y como (consideramos nosotras) puede ser beneficioso el intercambio de saberes y el respeto de los mismos. Que linda filosofía ¿verdad?. Dos segundos después, de nuestra charla filosófica, sin siquiera darnos cuenta, éramos parte de una discusión acalorada sobre los derechos de acceso a la información y como la discriminación era nociva para la sociedad. Oh la la ¿Que paso? o ¿Cómo paso todo?

Algunos minutos antes una joven de origen multicultural (me abstendré de decir el origen de la persona, para evitar alusiones personales), se acercaba a nosotras para pedirnos información. Todo iba de maravilla hasta que mi colega hizo mención a una pregunta (que en la mayoría de los casos es una simple y cotidiana), pero que en esta discusión se torno peligrosa y muy comprometedora. Mi colega muy inocentemente pregunta: ¿Y es usted es residente o ciudadana? Touché como dirían los esgrimistas.

La joven en dos segundos se tornó en una combatiente que defendía sus derechos, y decía a mi colega muy enfadada: ¡Que historia es esta de preguntar mi estatus antes, para luego poder darme una respuesta!, los calderos comienzan a calentarse. ¡Atención! La línea del fuego estaba a punto de ser cruzada.  Enseguida vino el discurso de la igualdad de derechos  y salio a flote todos los conocimientos en derecho que tenia nuestra interlocutora. Finito, mi pobre colega se sentía como una hormiguita frente a un elefante, completamente desestabilizada. ¡Y todo por una pregunta común y silvestre!

El contexto de la pregunta cuestión practica, en realidad el objetivo de esta pregunta no tenía ninguna connotación racista, ni mucho menos clasista, era simplemente una pregunta práctica para poder apoyar de una mejor manera a la joven en mención. Pero es así, las relaciones humanas puedes ser muy simples, pero a veces pueden ser tan tormentosas. Analizando (como diría mi padre)  ¿en que momento de la conversación se quebró la relación y atravesamos esta línea de fuego?, ¿mala comunicación?, ¿mala comprensión?, según yo es una mezcla de todo.

Las relaciones humanas en el contexto intercultural,  son siempre una línea muy frágil, en realidad creo que todas las relaciones no importando el contexto son siempre frágiles. Sin embargo mi experiencia me enseñó que en un contexto intercultural es mucho mas difícil, tienes que tener atención a, como dices las cosas y preveer, como estas serán interpretadas y lo increíble es que pueden en cuestión de segundos transformar lo positivo en negativo o viceversa. Realmente es apasionante.

Bueno, volviendo a esta mundología (nueva palabra que descubro que quiere decir experiencia): Les diré que para solucionar en algo el ardor de la conversación, lo único que se me ocurrió en ese momento es decir muy tranquilamente (aunque no lo estaba para nada): “yo también soy inmigrante” Ah ha (touché una vez mas, pero de nuestro lado),  nuestra joven empezó a bajar el tono de voz lentamente..

Le dijé, comprendo tu punto de vista, pero, (siempre hay uno en la mayoría de los casos), según yo, creo que seria mejor si dejaríamos de sentirnos siempre como tales (inmigrantes obviamente). Si, es cierto que nunca perteneceremos 100% a esta sociedad y no lo pretendo tampoco, me gusta mi estatus actual, tengo doble privilegio, ser de aquí y pensar como allá o pensar como aquí y ser de allá, (que de trabalenguas) estoy convencida, que cuanto menos nos sentimos ajenos, mas nos apropiamos de nuestro estatus.

Y continué a decir, no crees que si dejamos de sentirnos todo el tiempo como tales y asumimos lo que somos, nos sentiríamos mejor y evidentemente nos sentiríamos menos inmigrantes, menos desvalidos, menos afectados y aislados para convertirnos en mas participes, mas ciudadanos activos y sobre todo seres humanos ganadores, de todas maneras es eso es lo que vinimos verdad? 

Según yo, ser inmigrante es como jugar futbol por un equipo del cual nunca fuiste fans, pero como juegas por este equipo ahora, la única solución es pensar en meter goles y ganar el partido. Simple no hay opción. Y la vida es así, donde quiera que estés o donde quiera que vayas. Dos minutos después, conversábamos amenamente de lo que nuestro estatus nos permitía, entender muchas veces de mejor manera el sentimiento ajeno.

Una buena palabra es siempre una batalla ganada, eso es lo que creo y lo que pienso, pero creo que esta vez también me ayudo el hecho de compartir una experiencia en común y de decir que no estaba sola, que había probablemente mas de una persona que había atravesado este camino (incluyéndome a mi) y que había un momento para todo y este era el momento para reivindicar el hecho de sentirse aislada. Talvez fue la buena palabra en el buen momento, no lo se. En fin, talvez fue simplemente una cuestion de suerte, uno nunca podrá saberlo.

Sin embargo, lo que aprendi una vez más,  es que la comunicación y las relaciones humanas son todo un arte, que si tratáramos de entender su importancia y el valor que estas significan, probablemente evitaríamos muchos “malentendidos”. Sin embargo, creo firmemente que en una situación como esta, es sumamente importante, dar importancia a las diferencias culturales y respetar sobre todo lo frágil que el ser humano es frente a los prejuicios, si nos expresamos bien y nos dejamos entender bien entonces seremos siempre ganadores, en todas las esfera (una vez mas hablo de la vida profesional, porque en la vida personal la consciencia critica, no se siempre esta presente y es mejor asi)

Moraleja (la mía propia): Atención a lo que dice y como lo dices, las malas interpretaciones pueden traerte muchos dolores de cabeza… y el Advil siempre quita los dolores, pero no todos.

Buen domingo amigos!

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